2018

Todas las H.SMCJ agradecemos el don de nuestra Fundadora

MADRE MARÍA DE JESÚS VELARDE

Breve reseña de nuestra Madre

Nuestra queridísima Madre María de Jesús, nació en Santander, el día de Jueves Santo, 9 de abril de 1925, en una familia acomodada y profundamente religiosa. Era la menor de los cuatro hijos que Dios concedió a Prudencia Gil de Lamadrid y Calixto Velarde Gómez: Calixto, Carmen María, Carlos y Cristina Ana María.

Recibió el Sacramento del Bautismo el 20 de abril de 1925 en la iglesia de San Francisco. La apadrinaron sus hermanos Calixto y Carmina. A los 4 años de edad, recibió el Sacramento de la Confirmación de manos de D. José Eguino y Trecu, el llamado Obispo Bueno, en la iglesia de Santa Lucía, el 17 de marzo de 1930. Y el 21 de mayo de 1933, día de La Ascensión, recibió el Sacramento de la Eucaristía por primera vez, en la Parroquia de Santiago, de Madrid.

Durante la II República Española vivió en Madrid desde 1932 a 1937 lo cual supuso una gran prueba de desprendimiento para ella que amaba tanto su Tierruca. En su adolescencia y juventud, vivió en Barcelona donde estudió el Bachillerato. Siempre se distinguió por una predilección clara hacia las más desfavorecidas de sus compañeras de colegio. A los 14 años, un 28 de febrero, ante el Santísimo Expuesto, recibiendo la bendición, vio claro que Dios la quería absolutamente para Sí. Desde entonces, comprendió que debía llevar a cabo su vocación en cuanto el Señor lo permitiera y nunca dudó de la llamada de Dios.

En la universidad de Barcelona estudió la Carrera de Filosofía y Letras. Se especializó en Historia General que culminó con Premio Extraordinario el 6 de junio de 1951. Tenía 26 años.

Conoció la Congregación de Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en el Noviciado de San Cugat del Vallés. Fue dócil a la Voluntad Divina que se le manifestó sencillamente. Llegó al noviciado el 26 de octubre de 1951 e ingresó en la Comunidad, dos días después, en la Solemnidad de Cristo Rey, tomando el nombre religioso de Hna. María de Jesús. Por su especial visión de futuro, muy pronto pasó a convertirse en el principal apoyo de M. Mª del Carmen Altimiras.

Profesó temporalmente el 25 de agosto de 1953 y perpetuamente, 3 años más tarde.

La primera obra apostólica que fundó, bajo la dirección de M. Mª del Carmen, fue un colegio: "El Pinar de Nuestra Señora" en Valldoreix. Con grandes penurias económicas desde el principio. Dios bendijo la obra y la quiso responsable de la Comunidad y directora del Centro en 1954. Tres años más tarde, lleva a cumplimiento un sueño que tenía desde los 16 años: los seminarios-aspirantados para las chicas con el fin de que descubrieran la vocación a la que Dios las llama. “La Peña” con ideales de altura que quiere ignorar el llano, después “Las Mieses” y otros que han seguido surgiendo en América, son semillero de vocaciones religiosas para nuestro Instituto y formación cristiana para las jóvenes que optan por otros estados de vida.

En el Ideario que M. María de Jesús escribió para "El Pinar", y en tantos años como dedicó a la educación y formación integral de los alumnos, se halla la identidad educativa que nos caracteriza como Instituto y que identifica nuestros 11 “colegios Madre Velarde”.

Antes de finalizar el Año Santo de la Redención de 1983-1984, funda un movimiento de oración juvenil llamado DOYMAR: Discípulos Orantes Y Mariano - Apostólicos de la Redención, con el deseo de responder a la llamada del Santo Padre San Juan Pablo II a la juventud, para promover entre los jóvenes de nuestras obras apostólicas, deseos de servir a Cristo con la vida entera, a través de los distintos caminos vocacionales en los que son llamados a dar gloria a Dios. Este Movimiento se ha extendido con pujanza también en América y está reconocido como Asociación Pública de Fieles DOYMAR.

Con el fin de conservar la espiritualidad y estilo de vida en la Provincia de España, ya en el año 1958, acompañó a M. Mª del Carmen a Roma para pedir el apoyo y la guía que necesitaban. Recibida la bendición de la Iglesia, esperó confiadamente la hora definitiva de Dios. Al paso de los años, fue desarrollando el Carisma primigenio enriqueciéndolo, en la oración, con un profundo sentido trinitario y con la espiritualidad de la mística española. Impulsó la misión con una dinámica nueva, basada en las orientaciones doctrinales del Santo Padre San Juan Pablo II, en todos sus escritos sobre la vida consagrada y apostólica. De esta manera M. María de Jesús ha aportado unas características específicas al modo de vivir el Carisma y la vida religiosa, tal como fue inspirada por Dios.

Siempre se mantuvo fiel al verdadero Espíritu y Carisma primigenio y a nuestras sanas tradiciones, redactadas y recogidas por ella, en los Estatutos que la Provincia española vivió desde 1969. Ha transmitido esta fidelidad a cada una de las Hermanas. Para todas, estuvo siempre llena de la comprensión y del espíritu materno que forman y construyen una familia religiosa unida.

Ella ha fundado personalmente 39 de las 43 Comunidades que tiene el Instituto actualmente.

En cada apostolado ha sabido ser dócil a la inspiración divina para atender a las necesidades de las almas y mantener una unidad entre todas las Hermanas que se manifiesta especialmente, en nuestra forma de vida dirigida siempre a conservar, lo más latente y vivo posible, nuestro Carisma en la Iglesia. Al frente de nuestra familia religiosa, ha marcado con su propio carisma particular, caracterizado por una ardiente caridad, una fuerte vida comunitaria y fraterna, otorgándole un estilo peculiar con el que ha sellado cada obra apostólica que ha aceptado para el Instituto. También ha dado un lugar muy relevante a las familias en la acogida que el Instituto les brinda con la primacía de hacerles el mayor bien espiritual y de atenderles en sus necesidades corporales. Ella ha considerado a los padres de las Hermanas como los principales bienhechores del Instituto y a los que debemos nuestra principal atención y ayuda. Amó profundamente a su familia y siempre les atendió con dedicación a sus almas y necesidades espirituales.

Afrontó los obstáculos (sobre todo materiales a la hora de emprender nuevas obras) con un gran abandono en la Providencia Divina, pero también con gran prudencia, movida por el afán de hacer bien a las almas y salvaguardar la vida espiritual de las Hermanas.

Con estos nobles ideales, de 1993 a 1998, perseveró con especial insistencia y docilidad, en acudir a la Santa Sede para pedir en nombre de la Provincia, que ésta fuese constituida como nuevo Instituto nacido del Carisma del P. Julio Chevalier (Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón y, más tarde, de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de Issoudun, en 1874), con una nueva espiritualidad, acción apostólica y vida comunitaria.

En la Natividad de Nuestra Señora, el 8 de septiembre de 1998, la Iglesia reconoció un nuevo Instituto de Derecho Pontificio, el de Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, al que Madre María de Jesús había dado identidad, espíritu y vida, y por el que había luchado sin escatimar sacrificio. Por eso, el día 4 de octubre del mismo año, en el primer Capítulo General que se celebró, quedó elegida, por unanimidad (excepto su propio voto), Madre General del nuevo Instituto ya que todos sus miembros, la consideramos y sentimos nuestra Madre Fundadora.

Ella ha escrito nuestra Norma de vida y nuestra Espiritualidad, en las Constituciones que nos distinguen como Hijas de Santa María del Corazón de Jesús. Éstas fueron aprobadas por la Congregación para los Institutos de vida consagrada el día de la Natividad de Nuestro Señor, 25 de diciembre de 1998.

Nuestra Madre, en los últimos años, ha vivido apartada de toda responsabilidad con un profundo espíritu sobrenatural, anhelando el definitivo encuentro con Aquel que la llamó y la llevó a realizar esta obra en la Iglesia.

Durante los 3 años que ha durado su postración a causa de la enfermedad y las limitaciones propias de su avanzada edad, nos ha dado aliento con el ofrecimiento de su vida por la Iglesia, por el papa, por los la santidad de los sacerdotes y del Instituto que ha fundado. Lo ha hecho con naturalidad y alegría, gozando de la Eucaristía diaria y recibiendo devotamente con frecuencia, los sacramentos de la Penitencia y de la Santa Unción.

El martes 9 de marzo de 2021, a las 5.30h, en la Casa General, nos dejó para ir al encuentro del Señor con una muerte ejemplar, llena de paz y de gracia. Oremos por su alma y confiemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que premia a los hijos que le han sido fieles.

Por esta vida, cuantos la conocimos y hemos recibido de ella tantos bienes espirituales y corporales, entonamos a Dios un himno de acción de gracias.